La voz es un don maravilloso de Dios, es la expresión que nos permite anunciar el evangelio de salvación y alabar al Señor Jesús; por lo tanto es importante tomar conciencia que es un instrumento y como tal debemos cuidarla y protegerla.

Indudablemente, la alabanza la gloria y el honor pertenecen sólo a Jesús, no podemos perder la esencia de lo que somos; adoradores del Dios viviente, el culto es para Él, no para el pueblo, por eso, cantemos “a una voz” como el cuerpo de Cristo. «Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro» (Salmos 89:15) Si queremos que nuestro camino esté iluminado por la luz del Señor que es como el sol cuando resplandece en su fuerza, necesitamos aprender a alabar y adorar a Dios. No nos predicamos a nosotros mismos, no terminemos alabándonos y reconociéndonos a nosotros mismos

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